Ir al contenido


En busca de un orden real

Milán Kundera en “La Insoportable Levedad del Ser” dedicaba una parte de cada capítulo a un diccionario de palabras incomprendidas. Palabras con significado diferente para cada personaje.

 Yo siento que la palabra “Federal” es una de esas palabras donde la carga afectiva es tan poderosa que su sentido se diluye en la incomprensión.

 Sin ir muy lejos, para el país con la Constitución Federal vigente más vieja del mundo el significado es exactamente el contrario del que damos en nuestro país. En Estados Unidos, “los federalistas” eran, con Alexander Hamilton y John Adams a la cabeza, los partidarios de un mayor poder central, de un fuerte gobierno federal sostenido por una constitución que le otorgaba muchos de los derechos que antes detentaban las 13 colonias.

Los federalistas fueron los centralistas.

A ellos se opusieron “los antifederalistas” liderados por Jefferson y Madison que resistieron la Constitución Federal y bregaban por poner límites a este poder central.

Los antifederalistas impusieron la “carta de derechos” que son las 10 primeras enmiendas a la Constitución Federal en donde se explícita una serie de derechos no delegados.

La Argentina tuvo distinto origen que Estados Unidos. No estaba formada por un número de colonias que se autogobernaba sino que era un virreinato propiedad del rey de España.

Votamos una Constitución Federal luego de años de guerra civil, anarquía y persecuciones. Organizamos un país en torno a un marco jurídico pero no lo cumplimos nunca demasiado.

En 1883, Sarmiento publica su libro “Conflictos y armonías de las razas en Latinoamérica” y en su dedicatoria a Horace Mann escribe:

“La persistencia con que reaparecen los males que creímos conjurados al adoptar la Constitución Federal y la generalidad y semejanza de los hechos que ocurren en toda Latinoamérica, me hizo sospechar que la raíz del mal estaba a mayor profundidad que lo que los accidentes exteriores del suelo dejaban creer”.

Y un poco más adelante comenta:

Hemos educado 4000 doctores en leyes desde 1853 en que se reorganizaron las universidades. En 1845 tenían ustedes estudiando en “Law schools”, menos de quinientos alumnos y, sin embargo, en las cámaras y los congresos, en los consejos y ministerios cada vez ignorase más el derecho. Legisladores y Ejecutivos violan a más y mejor los preceptos que eran sacramentales hace 30 años”.

El Sistema Federal es un muy buen sistema. Es un sistema que reconoce las diferencias culturales ideológicas  y sociales de las distintas regiones. Todo el mundo sabe lo distinto que son un Alemán de Baviera y un Berlinés. Un Farmer de Alabama, un comerciante de Miami o un emprendedor de San Francisco. El Sistema Federal propone una división de poderes geográfica que complete la división de poderes de la republica y que respete estas diferencias.

Pero requiere para funcionar de dos requisitos fundamentales: el cumplimiento de la ley y la aceptación de parte del poder central de estas diferencias.

En Argentina, el cumplimento de la ley siempre ha sido un tema espinoso. En parte porque tenemos demasiadas leyes que se contradicen entre sí, en parte porque el poder siempre ha sido un mecanismo utilizado para estar más allá de la ley.

Reproducido por el Martín Fierro, en nuestro país se ha cumplido fielmente la sentencia de Plutarco: ”la justicia siempre ha sido una telaraña que atrapa a los pequeños y que deja escapar a los grandes”.

Lo peor es que cuando nos encontramos en una crisis provocada por nuestro propio comportamiento irresponsable,  tratamos de salir con leyes todavía más duras sin darnos cuenta que si no pudimos cumplir aquellas más blandas, cuál podría ser el motivo que nos llevaría a cumplir las más persecutorias.

El cumplimiento de la ley es fundamental para que un país crezca. Esto es así, sobre todo por el resto del mundo. Nosotros podemos entender y vivir en nuestro caos pampeano, nacimos y nos criamos en él. Pero no deberíamos pretender que los demás lo entiendan. Nos debemos un orden posible o sino vamos a tener que aceptar nuestro fracaso.

En 1853 nos dimos un sistema federal e intervenimos 170 veces las provincias ¡¡Más de una intervención por año!!

Finalmente, las leyes que hacemos para reconocer y proteger las diferencias siempre tienen una cláusula que habilita la persecusión.

Fue el comportamiento irresponsable de los gobernantes el que obligó a establecer una ley de convertibilidad en la que el gobierno renuncia a su política monetaria. Pero como no renunció a ser irresponsable esto devino en una crisis que obligó a derogar todos los artículos que ataban al gobierno menos el que daba una defensa a la gente en contra de la inflación.

Hoy ya no tenemos convertibilidad, los gobiernos pueden emitir y crear inflación de manera irrestricta. Pero la gente no puede indexar contratos, eso está prohibido.

Cuando los gobiernos son tan obvios en crear leyes que van en contra de la gente, la gente tiende a no cumplir la ley. Si esto se da durante un importante número de años, lo que sucede es que tenemos un país donde resulta muy difícil saber qué ley es buena y qué ley es mala.

Para terminar quiero compartirles un párrafo de un ensayo de Borges de 1946:

“El mundo para el europeo, es un cosmos, en el que cada cual íntimamente corresponde a la función que ejerce; para el argentino es un caos. El europeo y el americano del norte juzgan que ha de ser bueno un libro que ha merecido un premio cualquiera; el argentino admite la posibilidad de que no sea malo, a pesar del premio. En general, el argentino descree de las circunstancias. Puede ignorar la fábula de que la humanidad siempre incluye 36 hombres justos (los Lamed Wunfniks) que no se conocen entre ellos pero que secretamente sostienen el universo; si la oye, no le extrañará que esos beneméritos sean oscuros y anónimos…

 Su héroe popular es el hombre sólo que pelea con la partida, ya en acto (Fierro, Moreira, Hormiga Negra), ya en potencia o en el pasado (Segundo Sombra). Otras literaturas no registran hechos análogos. Consideremos, por ejemplo, dos grandes escritores europeos: Kipling y Franz Kafka. Nada a primera vista hay entre los dos de común, pero el tema de uno es la vindicación del orden, de un orden (la carreta Kim, el puente en The bridge-builders, la murala romana en Puck of pook’s hill); el del otro, la insoportable y trágica soledad de quien carece de un lugar, siquiera humildísimo, en el orden del universo.

 Se dirá que los rasgos que he señalado son meramente negativos o anárquicos; se dirá que no son capaces de una explicación política. Me atrevo a sugerir lo contrario. El más urgente de los problemas de nuestra época (ya denunciado con profética lucidez por el casi olvidado Spencer) es la gradual intromisión del Estado en los actos del individuo; en la lucha con ese mal, cuyos nombres son comunismo y nazismo, el individualismo argentino, acaso inútil o perjudicial hasta ahora, encontraría justificación y deberes.

 Sin esperanza y con nostalgia, pienso en la abstracta posibilidad de un partido que tuviera alguna afinidad con los argentinos; un partido que prometiera (digamos) un severo mínimo de gobierno.

 El nacionalismo quiere embelesarnos con la visión de un estado infinitamente molesto; esa utopía, una vez lograda en la tierra, tendría la virtud providencial de hacer que todos anhelaran, y finalmente construyeran, su antitesis.”

Creo que ha llegado el momento de dejar que los argentinos construyan su cosmos, su orden posible. Para esto no se necesitan leyes, más leyes que nos ordenen. Solamente tenemos que ser optimistas y confiar en que nuestro prójimo tiene la capacidad de encontrar su lugar con tanta eficiencia como nosotros.

El camino será entonces el de la confianza más que el del control. Y el rol del estado y de las leyes será el de facilitar. Ayudando a que la gente tenga igualdad de oportunidades, con educación, para que sean más productivos, con debate para que puedan aparecer las mejores ideas. Apoyando a los emprendedores que son quienes crean empresas y empleo. Con libertad de prensa para que podamos aprender de los errores.

Entonces tendremos un orden real. El orden de una sociedad abierta. Una sociedad que acepta el riesgo de construirse a sí misma. Entendiendo que el diferente no es un peligro para nuestra felicidad y que la libertad es, al final del día, la gran herramienta para construir un país.

 

Publicado en Filosofía, Política.


El Exilio

Estoy solo y hace frío. Todas las cosas que me cuidaban, todo lo que me producía algún sentimiento, lo que amaba, lo que odiaba, lo que me aturdía, lo que me arrullaba; todo se ha ido y me ha negado.

Estoy en tierra extraña pero siento que no soy yo el que se ha ido, son mis arropes. Me falta la seguridad de salir a la calle y saber donde está el peligro. Me pierdo en las las caras, los silencios, las hipocresías. Todo me parece trivial o inaccesible.  Nada tiene el matiz que da el entendimiento.

Nuestra naturaleza es rara. Ignoramos lo cotidiano hasta el punto del desprecio pero lloramos su ausencia. Somos tan nuestro ambiente que hasta sus peores crímenes nos parecen deseables a la lejanía. Una palabra, un aroma, una imagen que nos lleva a nuestra tierra basta para conmovernos.

Las palabras sobre lo nuestro sólo toman significado a la distancia y los motivos de alejamiento se mezclan con la amargura del resentimiento. La tristeza de estar lejos provoca infiernos y promesas geniales; produce llantos secos y fortalezas sin alma.

La mayor lucidez se encuentra en el desierto donde todo es supervivencia. Y el mayor patriotismo lo esgrime quien a perdido su patria.

No es estéril pensar por qué, para el antiguo, el exilio era peor que la muerte. El hombre es un sol que justifica su galaxia. Somos fuertes en nuestra casa pero somos una triste hoja tiritando en un patio trasero si nos falta la savia del arbol que nos da la vida.

Estoy sólo y hace frío. Quienes me acompañan no son más que sombras lúgubres en este velorio de desesperanza. El puñal que me han clavado mis hermanos no duele menos por ser compartido y la orfandad no por vulgar es menos desolada.

Hay dos cosas que me hacen recordar que estoy vivo. Dos cosas que dan toda la fuerza para enfrentar este porvenir: una es la lucidez de saber que todo pasa y que mis huesos no van a quedar en tierra extraña.

La otra es la promesa de venganza.

Publicado en Ficción, literatura.


El anonimato y la responsabilidad social en la red

Hace unos días leí un artículo en The Economist acerca los costos y los beneficios del anonimato en internet.

Un sujeto anónimo tiene a su favor la impunidad que le otorga el estar moviéndose en la oscuridad. Puede decir lo que le venga en gana, insultar y agredir y quedar impune por su falta de conducta.

La red ha llamado trolls, un derivado de trolling (pescar incautos), a quienes realizan estas prácticas disruptivas. El acoso de un troll es una experiencia bastante desagradable, quien lo haya vivenciado entenderá por qué mucha gente piensa que es algo parecido a un asalto físico y reclama tomar medidas para que se evite.

El artículo ahonda en que la forma de evitar al troll es obligando a que se revele la identidad tal como Facebook lo hace. Luego reflexiona sobre los peligros que esto podría acarrear para la gente que se encuentra en situación de perseguido político en donde el anonimato es un requisito de supervivencia.

Efectivamente, si sólo podemos exponer nuestras ideas revelando nuestra identidad el individuo se expone a la sanción no solo de la sociedad (lo cual podría ser atendible aunque también discutible) sino también se hace vulnerable a la persecusión, ya que le estaría brindando a los comisarios políticos de turno de toda la información que necesitan para reprimir  la libertad de expresión.

Confieso que antes de leer el artículo, intuitivamente, tendía a ser más un partidario de obligar a proveer la identidad que a permitir el anonimato.  En definitiva, el pensamiento se encuentra unívocamente relacionado con la persona. Pero después de leerlo y reflexionar al respecto me he vuelto un ferviente defensor del anonimato en las redes sociales.

Un disidente cubano o un rebelde libio serían presa fácil del aparato represivo del gobierno y  la red se podría transformar en la herramienta totalitaria más poderosa jamás inventada.

Es cierto que los trolls son molestos. Yo mismo soy una víctima regular de estos agresores virtuales en serie que trabajan como un psicópata sobre nuestra cabeza. Pero las molestias que estos parásitos me causan no son nada comparable al peligro que se corre cuando uno se enfrenta al aparato estatal.

La realidad es que hay trolls y trolls. Los hay buenos y los hay malos. Y el mecanismo para diferenciarlos no pasa por la regulación de la red ni por un formato supuestamente “transparente”. Pasa por una herramienta desarrollada por la sociedad desde hace mucho tiempo y que, aún hoy, es una gran herramienta para derrotar a la mentira: la reputación.

Voy a dar un ejemplo intentando ser gráfico. En Twitter uno abre una cuenta anónima y empieza a interactuar en la red. El objetivo de ello es influenciar lo más posible dentro de un entorno en el que todos los operadores interactúan.

Un troll típico simplemente buscará intimidar a sus víctimas agrediéndolas y difamándolas. Rápidamente será bloqueado y su reputación en la red se verá dañada. Estará obligado, en consecuencia, a cerrar su cuenta.

Es cierto que podrá abrir otra cuenta y continuar impune con su accionar, pero su influencia siempre será limitada; es desconocido y tendrá pocos seguidores.

Yo cada tanto recibo una andanada de menciones agresivas que entre todas no suman 20 seguidores, si la cuenta fue abierta hace menos de 72 horas, es pertinente pensar que esos 20 avatares son la misma persona y que estamos en presencia de un troll, un insecto molesto y poco dañino.

Existen otros personajes anónimos que buscan ganar adeptos siguiendo las reglas del ambiente y construirse una reputación creíble. Son anónimos por distintos motivos pero defienden su avatar como a su persona ya que lo desarrollan en el tiempo y buscan ganar lectores. Son como un escritor que usa un pseudónimo.

Tengo varios ejemplos de estos avatares anónimos y con sustancia. Los hay muy exitosos y con mucha influencia.

La regulación de la comunidad no es perfecta, depende dramáticamente de la responsabilidad de la sociedad en que se encuentra inserta. Una sociedad con un tejido fuerte, sancionará duramente los comportamientos no aceptables y será permisiva cuando no se sienta agredida.

También hay sociedades golpeadas, de sobrevivientes, donde la sanción social es debil y la agresión de los oportunistas fuerte. Estas sociedades sufren los porgroms virtuales, articulados o permitidos desde el poder estatal, con mucha violencia.

En este tipo de sociedades ahondar en regulaciones no resuelve su problema sino que lo empeora profundizando la anomia social y repontenciando la prepotencia estatal.

Creo, como decía Bartolomé Mitre, que “los males que la libertad provoca, ella misma los cura” y una de las cosas extraordinarias que tienen las sociedades abiertas es su capacidad de corregir sus errores sin la necesidad de un estado vigilante.

No nos preocupemos tanto por regular el funcionamiento de la red pensando en nuestra seguridad personal,  la libertad misma siempre será nuestro mejor reaseguro y la responsabilidad social es la garantía de funcionamiento.

Publicado en Política.


Ser Guapo

En la Argentina hay que ser guapo. Y no en el sentido que le tienden a dar los ibéricos a la palabra. Hay que guapear, hay que mostrarse capaz de las mayores audacias. Sólo así te respetan. No esperes solidaridad ni comprensión desde el respeto al otro. No esperes diálogo ni acuerdo. Todo eso son muestras de debilidad de quien, sabiéndose derrotado espera rescatar algo. Cualquier mano tendida debe ser interpretada como un pedido de clemencia.

Por supuesto, para ser guapo es necesaria cierta “caja de herramientas”. Guapear en la soledad es lo más parecido a la eutanasia como espectáculo de masas. Hay que tener contactos para esquivar una justicia tuerta, hay que tener una fuerza de choque para amedrentar, hay que tener militancia (que palabra castrense para ser enunciada por un demócrata), hay que tener prensa propicia.

Entonces sí se puede guapear. Ser el malevo del barrio. Ser el taura en la parada. Mirar alrededor con sonrisa gardeliana. Hablar del amor del pueblo rodeado de la seguridad de los matones. Entonces sí podemos decir “para el enemigo ni justicia” y para nosotros impunidad.

Pero no confundamos, ser guapo no es ser valiente. Se parece mucho más a ese muchacho que le comentaba a su amigo sobre la pelea de tres muchachotes contra un viejito solitario. –“¿Y qué hiciste?”, le pregunta el amigo. -“No pude quedarme al margen –contesta el joven- lo molimos a golpes entre los cuatro.”

Ser guapo, como se entiende la guapeza en la Argentina, es algo que se parece mucho, mucho a la cobardía.

 


Publicado en literatura, Política.


La ley de Say: un ejemplo de causalidad

En el día de hoy mi amigo @ajlopez me dió a leer su post sobre Jean Baptiste Say y su famosa ley sobre el equilibrio macroeconómico.

Me parece que el tema es más que oportuno ya que la discusión sobre la ley de Say tiene que ver con discusiones del orden de “esto provoca aquello o viceversa”, es decir qué cosas son causa y qué cosas efecto en la realidad.

Esta discusión que puede parecer a primera vista demasiado abstracta, tiene una enorme importancia en cuanto a política pública y es de alguna manera la clave para entender qué buscan hacer los políticos cuando intervienen en economía.

Fue John Maynard Keynes quien dijo que “los hombres prágmaticos que se creen exentos de toda influencia intelectual generalmente son esclavos de algún economista ya difunto. Los partidarios incontrolados de la autoridad, que escuchan voces etéreas, exudan su frenesí de algún escritozuelo universitario de unos años antes”.

Una de las cosas interesantes de las críticas de Galbraith y Keynes a la ley de Say es que ellos refutan una ley que Say nunca estableció. Decir que la oferta equilibra “mágicamente” la demanda no es una formulación; simplemente es un sinsentido.

La controversia sobre la ley de Say nace prácticamente junto a la ley.   Si alguien está interesado en profundizar sus distintos aspectos le recomiendo el libro “Reconsideraciones de economía clásica“de Thomas Sowell. Este libro desgrana la controversia y la interpretación que los clásicos hacían de su formulación.

La ley de Say en economía clásica comprendía seis proposiciones importantes:

1. Los pagos totales de los factores que se reciben por producir un volumen dado (o valor) de producción son necesariamente suficientes para comprar ese volumen (o valor) de producción.

2. No hay pérdida de poder adquisitivo en ninguna parte de la economía, ya que la gente ahorra hasta el límite de su deseo de invertir y no atesora más dinero del que necesita para sus negocios en un período determinado.

3. La inversión es sólo una transferencia interna, no una reducción neta de la demanda agregada. La misma cantidad que podría haber gastado el consumidor económico la gastarán los capitalistas y/o los trabajadores en el sector de bienes de inversión.

4. En términos reales, la oferta iguala a la demanda ya que cada individuo produce solamente a causa de su demanda de otros bienes y hasta el límite de ella. (A veces se apoyaba a esta doctrina, demostrando que la oferta iguala a la demanda ex-post)

5. Una mayor proporción de ahorro provocará mayor proporción de crecimiento siguiente de la producción total.

6. El desequilibrio de la economía puede existir solamente cuando las proporciones internas del producto difieren de las proporciones preferidas por los consumidores, NO porque el producto agregado sea excesivo.

Nunca hubo controversia respecto a las tres primeras proposiciones por parte de los economistas reconocidos del período clásico, tanto ortodoxos como disidentes.

La ley de Say plantea un agregado sobre las decisiones individuales. Lógicamente no importa que es primero si la oferta o la demanda, lo que sostiene es que para que un individuo pueda comprar (demandar) primero tiene que haber vendido algo (ofrecer). En este sentido, la ley de Say establece los fundamentos microeconómicos de la macroeconomía. No dice que “el equilibrio es inevitable” dice que los desequilibrios tienen que ver con decisiones de los consumidores.

Nokia puede ofrecer un producto que la gente no acepte y esto no provoca “superproducción”, es simplemente una mala oferta de Nokia. Ex.ante (es decir en el momento de la toma de decisiones económicas) no tiene por qué existir equilibrio; ex-post (es decir, cuando los consumidores han juzgado las ofertas) hay ganadores y perdedores pero la economía se encuentra limpia como un mercado de frutos al final del día. En palabras de John Stuart Mill: “la producción no es excesiva, sino que simplemente su composición es incorrecta”.

David Ricado mismo afirmaba que “en toda época el mal específico era la mala adaptación de los bienes producidos a las necesidades de la humanidad, y no la abundancia de tales bienes”. “El hombre yerra en sus producciones, decía, no hay deficiencia de demanda“.

Obviamente, tanto Keynes como Galbraith sabían demasiado de economía como para criticar una simple ecuación contable como es el equilibrio macroeconómico ex.post, para ellos los desequilibrios se producían por errores en la percepción del consumidor ex.ante frente al futuro. Estos errores del consumidor hacían caer a las economías en trampas o ilusiones de las que había que salir mediante políticas públicas activas, principalmente gasto público y emisión monetaria.

El pensamiento económico es un dialogo permante entre distintas ideas, la farmacopea keynesiana  se transformó en una receta particular para salir de las recesiones y evitar estancamientos, pero su abuso demostró generar escenarios de alta inflación y estanflación (inflación más recesión).

Esto fue lo que sucedió en la decada del 70′. Fue durante esos años en que la ley de Say volvió a ser revisada y dio surgimiento a la nueva macroeconomía (Robert Barro, Robert Lucas Jr., Thomas J. Sargent ) con un nuevo aporte de los fundamentos microecónomicos. Esto zanjó el divorcio impuesto por Keynes entre ambas disciplinas y abrió el camino para “un campo unificado” .

Publicado en Economía, Política.


Un enemigo del pueblo

Probablemente no haya dramaturgo en la historia que haya enfrentado de una manera más valiente a la hipocresía de la sociedad como lo hizo Henrik Ibsen. Su obra es de lectura obligada para cualquier espíritu libre pues describe, de la manera más descarnada y cruda, lo que debe esperar un hombre que vive en sociedad y que aspira a pensar por sí mismo.

No hubo negociación posible entre Ibsen y su época. Él vivió en carne propia la hipocresía de una madre religiosa e introvertida conviviendo con un padre un poco demasiado alegre. La quiebra familiar que sobrevino cuando él tenía sólo ocho años debió haber funcionado como un acto de justicia que buscaba darle coherencia a un mundo que no la tenía para nada.

Para Ibsen la elección siempre era el camino más difícil. Como Tolstoi, en el sacrificio estaba la redención. Decidió vivir de sus obras, le fue muy difícil. Su primer trabajo, Catilina, no fue representada. Nótese que, ya su primer escrito, en su etapa romántica involucraba el dilema moral de un disoluto tratando de hacerse del poder.

Un enemigo del pueblo relata como un hombre honesto debe enfrentar a toda su sociedad cuando descubre que las aguas del balneario del pueblo, principal fuente de ingreso de sus habitantes, están contaminadas.

Frente a esta realidad se manifiestan todos los monstruos que viven escondidos detrás de las buenas costumbres. Ya no hay amigos ni piedad. El pueblo entero intenta callarlo, ocultar la verdad y sobrevivir. La negación es la perfecta respuesta que da la sociedad frente a la crisis. Y la persecución al mensajero.

A su vez, el protagonista adopta una actitud irreconciliable. La verdad no se negocia, es necesario decirlo todo, denunciar a la hipocresía y hundirse en la soledad.

El telón cae con la idea rectora de Ibsen, “el hombre más fuerte del mundo es el que está más sólo“.

Se conjetura que “Un enemigo del pueblo” tuvo su origen  en las terribles críticas que Ibsen sufrió por “Espectros“, una obra que bien podría representar el destino de los argentinos de los últimos 60 años. Fue prohibida el día de su estreno en Alemania y no fue representada en Noruega por 15 años. Era demasiada realidad para sociedades negadoras.

Espectros” es la historia de una familia cuya estructura moral está signada por la hipocresía, el padre alcohólico ha tenido una hija con la sirvienta, y la  madre religiosa lo tolera para mantener la estructura familiar. Finalmente el hijo hereda las conductas del padre y se acuesta con su media hermana frente al resignado sufrimiento de la madre. No hay solución en la negación de la realidad, sólo se profundiza la decadencia. La salida está en combatir la hipocresía y se enfrentar la maldad.

El siglo XIX dió a los primeros grandes inadaptados de la humanidad. Gente que habiendo presenciado la muerte de dios se negó, sistemáticamente a   abandonar su vocación de santidad.

Publicado en literatura, Política.


Lo Patético

Seis años de cautiverio en Santa Elena
Son la medida de un tiempo sin olvido
Para el siempre vencedor el ser vencido
Libera fantasmas de amargura y pena.

El llanto de Cartago, la voz de Atenas
Buscando fe en un oráculo perdido.
El haber sido libre, haberlo sido,
Y ya no poder serlo. La condena

De la memoria sonando en mil ideas
Que caducas se confinan al fracaso
Es el alma destilando mil chispazos
en un tratar de encender la muerta tea.

Es triste ver como al grande en el ocaso
Es el peso de su historia quien voltea.

Publicado en Poesía.


Reflexiones sobre la utilidad

Podrías hacer algo útil“. Esa era la frase obligada de mi madre cuando me veía tirado frente al televisor. Se puede decir que mi infancia fue un asedio a la necesidad de encontrar sentido a mi tiempo. Siempre justificando la real o imaginaria utilidad de lo que hacía.

Hoy ya hecho un animal de edad provecta la utilidad sigue persiguiéndome con su mandato. Y para colmo de males, como buen economista la utilidad ha sido para mi vida la definición de lo que tiene valor frente a lo que no lo tiene. Carne de psicólogo.

El problema más grave con la útilidad es que requiere, como fundamento “sine qua non” de un objetivo. De un sentido de la vida. Sin ese sentido no podemos saber qué es útil y qué es inútil. ¿Útil o inutil para qué?

Es cierto que la naturaleza nos provee de una respuesta más o menos obvia y evidente. Estamos para durar, como las plantas, los animales y los planetas; nacemos, transitamos y morimos. Algunos más afortunados también nos reproducimos.

También están los religiosos que sostienen que todo esto se encuentra dentro de un plan divino. Todos ellos pueden encontrar más o menos justificable la útilidad de sus acciones.

Pero qué pasa cuando los objetivos cambian. Todo nuestro pasado pasa a ser una pérdida de tiempo. ¿Un matrimonio fallido o un empleo que nos aburre hace que nuestra vida no valga la pena?

Tengo la sospecha de que mi vida no requería de ninguna racionalización para ser lo que iba a ser. Algo así como un determinismo darwiniano me dice que los objetivos son mucho más profundos que la representación de los objetivos que permanentemente verbalizamos.

Almafuerte decía que todo era victoria porque nunca podríamos vivir una vida diferente a la que efectivamente vivimos.

Será por eso me gustó tanto el speech de Jobs en Stanford (http://www.youtube.com/watch?v=6zlHAiddNUY ). No deberíamos preguntarnos por la útilidad de nuestros actos, simplemente confiar en que los puntos que dejamos en la vida se van a conectar de alguna manera y tendrán sentido.

Jeremy Bentham http://es.wikipedia.org/wiki/Jeremy_Bentham, fundador del utilitarismo, molesto por el presaico nombre que le habían asignado a su movimiento, pensó en cambiarlo por Felicitarismo. Lo útil es lo que nos hace felices.

Nadie muere por las cosas útiles. Tenemos la necesidad de dar la vida absurdamente. Es la reafirmación del ‘nonsense’ de la existencia. Morir inútilmente una vida sin sentido es la única forma de justificarla.

Publicado en Filosofía, literatura.


Demografía, educación y desarrollo

Cuando se analizan las políticas de desarrollo económico que han tenido éxito en el mundo, lo que más sorprende es lo poco efectiva que han resultado las llamadas “políticas activas” llevadas a cabo desde el Estado.

Llamamos “políticas activas” a aquellas que buscan generar algún tipo de aceleración deliberada en alguna variable de la economía, sea ésta la industrialización, la distribución de la tierra o la distribución del ingreso más allá del desenvolvimiento natural de un sistema de mercado.

Obviamente ha habido casos catastróficos de masivo empobrecimiento como “El gran salto adelante” de Mao o algunos “planes quinquenales” de los regímenes soviéticos. Pero en la mayoría de los casos han sido experimentos neutrales y desperdicio de dinero.

Sí existen dos grandes políticas públicas que siempre han rendido sus frutos a las naciones que buscan acelerar desempeño económico; buenas políticas de población y buenas políticas educativas.

Durante el siglo XIX dos países americanos adoptaron sendas políticas públicas tendientes a llenar sus fronteras de trabajadores y a realizar una agresiva acción educativa tendiente a preparar a esa gran masa de población y a asimilarla a su territorio.

Esos dos países duplicaron su población en treinta años y generaron un proceso de crecimiento que los acercó a sus pares más ricos: Estados Unidos de América y Argentina fueron dos países que despertaron la envidia del mundo durante la segunda mitad del siglo XIX.

Pero estas políticas son hoy más vigentes que nunca.

Los países pobres europeos, los tigres asiáticos, China e India explican sus increíbles tasas de crecimiento a partir de diferenciales poblacionales y crecimiento en sus niveles educativos. Todo lo demás es marketing.

El mundo está envejeciendo, las tasas de crecimiento poblacional se encuentran debajo de los niveles de sustitución en los países más ricos, este fenómeno va a significar un cambio importante en todo el comportamiento de la economía mundial.  Por primera vez en la historia de la humanidad va a enfrentar una situación de abundancia de capital y escasez de mano de obra joven.

A su vez, esta situación inédita crea dos problemáticas importantes y originales: el problema de la vejez y la división entre jóvenes educados y jóvenes sin educación.

El primer caso se relaciona con la extensión del periodo productivo de los trabajadores, los sistemas de pensión existentes y su sustentabilidad, la obsolescencia del conocimiento y los gastos en salud.

El segundo caso, tiene que ver con el valor del conocimiento y la innovación en una sociedad donde el capitalista será quien haya acumulado mayor conocimiento y pueda aplicarlo mejor en la sociedad.

Lo más notable de toda esta realidad que nos está explotando en la cara es que ninguno de estos temas se encuentra en la agenda política de nuestro país y de muchos países latinoamericanos.

No son problemas insalvables, es más, la mayoría de ellos se resuelven con más educación y una política migratoria competitiva.

Argentina está en una situación excelente para poder recorrer el siglo veintiuno con una renovada actitud de liderazgo pero da pena ver lo poco preparada que está su clase política.

Recientemente, Juan Carr llamó a la participación a quienes tienen una verdadera vocación solidaria. Esta sería, en sus palabras, la mejor manera de ayudar a la sociedad. Creo que esta convocatoria revela que es lo que le está faltando a nuestro país para despegar. Tenemos trabajadores, tenemos tierra y oportunidades.

Nos falta la generación con la vocación de cambio para aplicar la receta adecuada. La participación política hasta ayer era un derecho, hoy es una obligación.

Publicado en Economía, Filosofía, Finanzas.


Hobbes Recargado

Es oficial; Hobbes se ha puesto de moda entre los jóvenes polítologos. No es que sorprenda ya que es un filósofo potente y atractivo, quizá más crudo que el viejo Nicola Macchiavello quien nunca abandonó totalmente su saudades por la república perdida. Y, por cierto, es muy oportuno para quienes gustan de justificar un accionar que sólo explique la búsqueda y concentración del poder.

Lo que me viene extrañando es esta cosa que de llamarlo “filosófo político liberal”, ya que en esto me parece que se están pasando con el revisionismo. En cualquier momento Richellieu va a ser “el inventor de la economía de mercado” y Bismarck un defensor de los derechos del hombre”. Y así ya casi explicamos cualquier cosa…

Hobbes como Bodino antes y Bousset después son conservadores cuyo pensamiento se orienta a justificar un estado absoluto. Es cierto que de los tres, Hobbes es el más científico y de mejor lógica, pero su pensamiento se encuentra tan lejos del pensamiento liberal como el de Stalin o el de Mussollini.

Toda la arquitectura argumentativa de Hobbes se origina en un miedo viseral a la guerra civil y a la anarquía. Frente a esta alternativa, muy real en su vida ya que pasó exilado en Francia los 11 años de lucha entre el parlamento y los Estuardo, justificó de manera notable el rol del estado:

“…el arte del hombre… puede fabricar un animal artificial… Más aún: el arte puede imitar al hombre, esa obra maestra racional de la naturaleza. Pues obra del arte es, ciertamente ese gran Leviathan que se llama cosa pública o Estado (Commonwealth), en latín Civitas, y que no es otra cosa que un hombre artificial, aunque de una talla mucho más elevada y de una fuerza mucho mayor que las del hombre natural, para cuya protección y defensa ha sido imaginado. En él la soberanía es un alma artificial, puesto que da la vida y el movimiento al cuerpo entero… La recompensa y el castigo… son sus nervios. La opulencia y las riquezas de todos los particulares son su fuerza. Solus Populi, la salud del pueblo, es su función… la equidad y la leyes son para él una razón y una voluntad artificiales. La concordia es su salud; la sedición, su enfermedad, y la guerra civil, su muerte. los pactos y los contratos que, en el origen, presidieron a la constitución, a la agrupación y a la unión de las partes de este cuepo político se parecen a este fiat o hagamos al hombre que pronunció Dios en la creación”.

Hobbes tiene una famosa frase en la que explica su tempramento tímido y prudente a partir de su nacimiento en el mismo momento en que la armada invensible de Felipe II sitiaba a Inglaterra: “El miedo y yo somos hemanos gemelos”. Para poder soportar su profundo miedo al desorden y la guerra construyó un monumental Golem al cual le  asignó todos los poderes y ninguna obligación. Es importante notar que el Leviathan de Hobbes tiene deberes pero no obligaciones.

Sólo dando el poder a uno se puede evitar la competencia por el poder que genera una guerra continua, la lucha de todos contra todos que paraliza la industria, la ciencia, el confort.

Este poder debe ser total pues los pactos “sin la espada (sword) no son más que palabras (words)”.  Hay que elegir entre una guerra perpetua de todos contra todos (Homo homini lupus) fruto de la ausencia del poder absoluto o la paz que puede darnos un estado con todo el poder.

Existe un sólo mal para el estado hobbiano, la debilidad. Un estado débil es un estado que merece ser reemplazado por otro más fuerte. ¿Es que el amigo Tomás, muy relacionado con los Estuardo, le está haciendo un guiño a Cronwell el regicida, al mejor estilo Macchiavello? Hay quien lo ha supuesto, pero sobretodo hay mucho miedo al gobierno fallido, hay mucha desconfianza a un futuro incierto.

Hay un viejo chiste que dice que un conservador es un sujeto demasiado cobarde para pelear y demasiado gordo para correr. Teme todo el tiempo. Teme al cambio, teme a la anarquía, simplemente teme, quiere proteger lo que tiene.

El conservadorismo es pesimismo y miedo. El liberalismo es la antítesis, es optimista y confiado.

Cuarenta años después del Leviathan, nacía el liberalismo con un libro que lleno de fe en el futuro iba a asestar los primeros golpes al edifico del absolutismo sentando las bases de los límites al poder del Estado y dejando establecido que muchos hombres no tienen miedo al conflicto y la discusión y creen que ella es la clave para el crecimiento de la sociedad tanto moral como económica.

En 1690 se publicaba el “Ensayo sobre el verdadero origen, la extensión y el fin del gobierno civil” de John Locke, empezaba una revolución.

Publicado en Filosofía, Política.